jueves, 4 de junio de 2009

Fue una Performance

En un post anterior (anomalías, deformidades y monstruos), mostraba las fotos de algunos desdichados con serias anomalías y enfermedades que les daba una apariencia monstruosa. Pero también mostré un “monstruo de verdad”. Se trataba de un tipo que devoraba un feto. Bien, las fotos de aquel energúmeno que hacía aquella barbaridad, las había sacado de una página iraní y creía que en principio era un hoax. Al no saber leer en grafía árabe (maldita ignorancia la mía) lo puse en el post sin saber realmente de que se trataba, aunque marcaba mis reservas ante la veracidad del caso. Bien, tras buscar un poco de más información en Internet, hallé unos datos, una noticia de 2003. Parece ser que el tipo es un artista chino continental llamado Zhu Yu, y que las fotos devienen de una performance que hizo para llamar la atención sobre el arte en China. Según el “artista”, el acto de antropofagia es real, y se comió un feto que había sustraído de un colegio médico. ¡Increíble! ¿Qué atrocidades pueden llegar a pergeñar las desquiciadas mentes en mor del arte? Recuerdo también a aquel “artista” costarricense, Guillermo Vargas, que ató a un perro a una pared de un museo y lo dejó morir de hambre, declarando que se trataba de una obra de arte. Se deberían prohibir semejantes brutalidades en nombre del arte y de cualquier otra cosa.
De todas maneras yo sigo pensando que toda la performance del comedor de fetos fue un montaje y que en realidad la polémica de si es cierto o no, es lo que buscaba el autor chino con su actuación.
Aquí les dejo los enlaces de las noticias para que aprecien hasta donde puede llegar la mente humana enferma y puedan juzgar por ustedes mismos.
El antropófago.
El asesino canino.
Propicios días
Gilgamesh

jueves, 21 de mayo de 2009

Requiebros y Piropos





Desde el siglo XII se han cantado siempre alabanzas a las mujeres bonitas. Los antiguos trovadores encantaban los corazones de las damas con sus poemas y cantos, ensalzando las bondades del alma y la belleza femenina. Aquellos reconocimientos, que la mayoría de las veces iban con segunda intención, y más si el señor estaba en la guerra, se trastocaron llegando a épocas más cercanas a la nuestra, en el castizo requiebro. Una mujer bonita que pasease por las calles españolas entre las décadas de los cuarenta a los sesenta, indefectiblemente se habría topado con muchos galanes dispuestos a lanzarle algún requiebro de aquellos que doblan el corazón más duro.
Incluso, el hecho de ver a una mujer de rompe y rasga, creó en el siglo XIX, época del puro romanticismo, la costumbre de "encerrar" a la mujer. Esto es, el que veía una mujer por la calle que le gustaba, antes de decirle nada la seguía con cierta discreción allí donde ella iba. Si la mujer aceptaba el seguimiento y no delataba a su perseguidor, cuando por fin esta se metía en la casa, el galán memorizaba la dirección y se iba a encontrarse con sus amigotes de farra para contarles la gran hazaña, y esta era que había encerrado a una mujer.
Pero a parte de la encerrada, lo que más funcionaba eran los piropos o requiebros. La mayoría de los hombres solían decirlos al pasar una mujer bella por la calle. Acostumbraban a ser frases ingeniosas, por lo general en pareado, que destacaban la belleza de la homenajeada o bien las ganas del mozo de conquistarla. Existían de diversos tipos, pero la función general de todos ellos era alabar a la chica y hacerle saber que, si ella quisiera, tendría un pretendiente a sus pies.
Hoy en día está pasado de moda el piropear a las chicas, incluso en algunos sectores está hasta mal visto que los hombres requiebren a las mujeres. Las muy feministas llegan a tachar de machistas a los hombres que hacen gala de tal habilidad. Y no es de extrañar, ya que en la actualidad quien dice un piropo por la calle suele ser algún iletrado, con más calentura que imaginación y buen gusto. Los piropos de hoy día nada tienen que ver con los de nuestros abuelos. Antaño celebraban la belleza de la mujer con aspiraciones románticas y comparaciones agudas, hogaño suelen ser impertinencias o insolencias de carácter soez que, en lugar de arrancar sonrisas de orgullo y chispas de alegría en el corazón y el ego femenino, sacan más bien sonrojo y vergüenza.
Las que tildan de machistas a los piropeadores, también lo hacen a los que ceden su asiento a una joven, las dejan pasar primero, pagan ellos siempre la cuenta o las reciben con una flor en una cita. Las feministas arguyen que, si el hombre y la mujer son iguales, no tendría que haber diferencias de ningún tipo y que esas deferencias ante la mujer, están de más. Bueno, pero a mi juicio creo que confunden churras con merinas, ya que una cosa es lo que postulan ellas y otra bien diferente hacer alarde de educación y buenas maneras. Yo no creo ver en ello un trasfondo machista, claro que lo veo desde la perspectiva de hombre y de los que aun, hoy día, dejan pasar primero a una dama y le ceden el sitio. Imagino que a más de una mujer, intrínsecamente, le ha de gustar que le reconozcan su belleza, al menos aunque sea como se hace hoy en día, girando la cabeza cuando pasa por la calle. En la actualidad, los requiebros, quizá, se han reconvertido en exiguos poemas de amor, tienen más la idea poética que la ingeniosa, pero supongo que son igualmente válidos. Hasta en Internet podemos hallar páginas con recopilaciones de piropos, juzguen por ustedes mismos. (piropos- requiebros)
Resumiendo, no abono la idea de que los piropos o requiebros debieran volver, los tiempos cambian y estos huelen más a anticuado que a nuevo, pero siempre ha estado en el ánimo masculino festejar el encanto y el atractivo de una mujer y el aceptarlo, aun con el semblante arrebolado, en el ánimo de éstas.
Propicios Días
Gilgamesh